Viajar con poco dinero o cómo me financio un viaje largo

Es de creencia popular que uno necesita un montón de dinero para viajar. De hecho, en la lista de “razones por las cuales no puedo” esta por lo general está en el tope. Pues bien, aclaro de primera mano que no soy ninguna niña rica ni tengo un fideicomiso a mi nombre, hace un año me abrí una cuenta de ahorros por primera vez en mi vida y nunca he tenido una tarjeta de crédito. Mis papás no me pagan nada desde hace mucho, no hay herencias a mi nombre (que yo sepa) ni tengo un novio millonario o un sugar daddy que me mantenga. Tampoco me he ganado la lotería ni nada por el estilo. Entonces ¿Cómo lo hago? Pues aquí va el secreto y es que sí, es posible viajar con poco dinero:

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Paso 1: Ajusta tus expectativas y actúa acorde a ellas

Sí, eso que leíste más arriba es verdad: Viajar con poco dinero es posible, tan posible que hacerlo puede ser incluso más barato que quedarte en tu ciudad.

Durante varios años viví en Santiago de Chile, una de las ciudades más caras de Latinoamérica. Aquí un arriendo mensual en una zona céntrica puede costarte entre US$350 y US$700. Si a eso le sumas los gastos de comida, transporte y demás cosas que uno necesita para vivir cómodamente, la cantidad no para de subir. Pero vamos a mi caso específico:

Después de mucho tiempo y unas cuantas marañas logré reducir mi costo de vida total en Santiago a unos US$350 por mes. Esto pagando un arriendo a costo de amigo, evitando casi por completo el transporte público gracias a mi bicicleta, cocinándome mi comida y buscando siempre la manera de ahorrar y gastar lo mínimo. En total, nunca me di grandes lujos así como tampoco lo hago ahora, puesto que mi principal interés es ahorrar dinero suficiente para viajar sin tener que matarme trabajando ni recurrir a un trabajo de oficina tradicional, que si bien puede ser mucho más lucrativo, no me satisface en lo absoluto.

Ahora, la misma filosofía la he trasladado a los viajes y es así como he podido viajar con poco dinero, ajustando mis expectativas a mi presupuesto y, si bien nunca he sido fan de los hoteles 5 estrellas y los all inclusive, sí he tenido que renunciar varias veces a cosas como quedarme en un hostal – en mi viaje más largo hasta ahora, 4 meses recorriendo el sur de Chile, solo pagué por alojamiento 8 noches, y si contamos los campings la suma sube un poco más, pero no pasará de unas 20 y tantas noches – salir de fiesta, comer en restaurantes o hacer ciertas actividades que me puedan descontrolar las cuentas.

Así que en todo este tiempo ocupé mucho Couchsurfing – una herramienta de la que ya he hablado antes y es que me encanta, pues no solo me ahorro mucha plata sino que además gracias a ella he conocido amigos y personas increíbles -, viajé mayoritariamente a dedo, en lo posible preparé mi propia comida,  le di con todo a la acampada libre, preferí cambiar las fiestas por noches compartiendo un vino con los amigos y elegí armarme mis propios recorridos en vez de ponerme en manos de los tours guiados.

Al final y gracias a esto, en 4 meses de viaje por uno de los países más caros de Latinoamérica gasté una suma total de US$900. Si en vez de ello me hubiese quedado esos 4 meses viviendo en Santiago bajo las mismas condiciones que mencioné antes, habría gastado un total de US$1400. Es decir que al estar viajando me he ahorrado US$500. Nada mal ¿No?.

Couchsurfing: Alojamiento y amigos de a gratis.

Couchsurfing: Alojamiento y amigos de a gratis.

Paso 2: Busca la manera de generar dinero

Para viajar con poco dinero tienes que adoptar una perspectiva diferente y hacer cosas que no harías si estuvieses de vacaciones como cualquier otro.

Durante dos semanas en Pichilemu estuve de voluntaria en un hostel, es decir que puse unas pocas horas de mi tiempo y mi trabajo a cambio de una habitación para mí sola y totalmente gratis. En Pucón me quedé dos semanas trabajando como mesera en un restaurante aprovechando la temporada alta, en Concepción hice panqueques, brownies y queques para vender en los parques, en Coyhaique me encerré un par de días en la biblioteca municipal a trabajar en unas traducciones que me encargaron desde EEUU y, mientras mis amigos compartían historias en Caleta Tortel, yo me aparté un rato del grupo para terminar de transcribir una entrevista que me mandó a hacer un cliente desde Argentina.

Es así como los US$700 con los que partí el viaje no solo me duraron hasta el final, sino que además se estiraron lo suficiente para costear varias cosas que no estaban en el presupuesto inicial, porque sí, las cuentas nunca van a salir como te lo esperas y siempre, por más disciplinado que seas, vas a terminar gastando más de lo que pensabas gastar y hay que estar preparado para ello.

Con esto no quiero decir que te conviertas en un esclavo cuando estés viajando, pero si tu plan es salir sin tener que pasarte tres años encerrado en casa comiendo sopas Maruchan, tanto el teletrabajo como los voluntariados y trabajitos de temporada son excelentes opciones que te ayudarán a recuperar algo de lo gastado y, por qué no, darte uno que otro gusto que no estaba presupuestado sin tener que preocuparte de terminar mendigando.

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La vista camino al trabajo en Pucón

Paso 3: Nunca subestimes el poder de la buena onda y la amabilidad de los extraños

Cuando llegué a Pichilemu mi principal objetivo era aprender a surfear y para ello necesitaba al menos, un traje y una tabla. Así que el primer día que me lancé al agua pagué la clase completa en una escuela en Punta de Lobos, al día siguiente volví a pagar el arriendo completo del equipo y le comenté al dueño mis intenciones de ir al menos 3 o 4 veces por semana a la playa durante el próximo mes y arrendarle a él. En un principio me ofreció un descuento que se iría haciendo mayor a medida que siguiera yendo, cosa que acepté feliz.

La escuela se llama Natural Surf, está a un costado de la playa principal de Punta de Lobos y es una casita preciosa construida por Yeyé, su dueño, en pura madera nativa, con una terraza donde me pasé muchas tardes mirando al mar, tomando mate y agarrando sol, conversando con los profes y toda la gente que ahí se reunía. En total, un lugar maravilloso que me gustó tanto que obviamente lo iba a recomendar a los demás. Y es así como me convertí en la promotora oficial de Natural Surf durante la temporada, llevándome a cada uno de los huéspedes que llegaban al hostel donde estaba de voluntaria hacia allá, cosa que a Yeyé le gustó tanto que terminó prestándome los equipos a costo 0.

Terraza favorita, playa favorita

Terraza favorita, playa favorita

Más adelante en Pucón coincidí con la mamá de un amigo de Santiago quien tenía una cabañita en el bosque donde vive con sus compañeros animales. Justo por esos días tuvo que irse a trabajar fuera de la ciudad así que me pidió que le cuidara la cabaña durante una semana y ¡pum! Alojamiento gratis.

Saliendo de Puerto Fuy a dedo me topo con un par de kayakistas italianos quienes n0 solo me ofrecieron alojo en su casa en Calafquén por una noche, sino que me consiguieron hospedaje gratis en una linda casa ocupada por unos amigos suyos en Ensenada, mi siguiente parada, durante una semana.

En Futaleufú mi compañero y yo pudimos poner nuestra carpa en el patio de una posada totalmente gratis por un par de días a cambio de acarrear un poco de leña y compartir mates con el dueño y así como estos tengo muchos cuentos más en los que la buena onda, las conversaciones amables y el pedir en voz alta y sin pretensiones hicieron que extraños se convirtieran en amigos y, también, los gastos se redujeran considerablemente.

Siento que hasta ahora he abarcado todos los pasos aunque seguro que alguien tendrá por ahí los suyos propios y me encantaría leerlos – Esta es una indirecta para que me los dejes en los comentarios ¿sí? Acuérdese de mantener el buen karma del viajero y ayudarnos los unos a otros 🙂 – sin embargo, antes de cerrar y dar las conclusiones finales debemos atender un punto muy importante, el más importante de hecho para que esto funcione…

No estás de vacaciones, pero que no se te olvide que eres libre:

Las vacaciones uno las asocia con el ocio, el descanso y el turismo, uno se va con una fecha de regreso, buscando apartarse de las obligaciones y la rutina de siempre, de despejarse y recargarse antes de regresar a casa. Sin embargo, aunque tuve bastante de ocio, descanso y turismo, tuve bien claro desde el principio que no me fui de vacaciones sino que salí a ver cómo podía convertir aquello que más amo hacer en un estilo de vida. Por eso, me tomé esto más como un experimento, con el motivo principal de ver cuánto era capaz de hacer con la menor cantidad de recursos posibles y darle una probada a esto de viajar con poco dinero.

No sé por qué viajan todos los que viajan, no he leído aún ninguna encuesta al respecto, pero de las conversaciones, encuentros e intercambios que he tenido con otros viajeros durante toda la vida, me queda la impresión de que somos muchos quienes lo hacemos porque nos hemos dado cuenta que podemos, que somos libres de hacerlo – o es eso lo que estamos buscando descubrir/aprender – y no debemos olvidarlo.

Estresadísima en Cahuil

Estresadísima en Cahuil

Somos libres de viajar así como somos libres de no hacerlo, podemos gastar lo mínimo – Laura de Los Viajes de Nena es experta en eso, ídola – darle con 1 dólar al día, completamente de a gratis  o pagar lo que queramos, por lo que queramos. Sí, durante cuatro meses me contuve con los gastos y eso me permitió llegar hasta donde alcancé y quise llegar, pero eso no dice que no lo disfruté, que me contuve de hacer cosas que quise hacer o que siento que me faltó algo.

No, entre mis propósitos estaba claro que quería saber cómo viajar con poco dinero, que quería hacer dedo por largas distancias, aprovechar Couchsurfing al máximo y poner mis propios límites a prueba. Pude haber ahorrado muchísimo más así como pude haber gastado muchísimo, pero aún así, trabajé únicamente cuando quise trabajar y gasté únicamente en lo que realmente quise gastar.

Cuando me planteé el presupuesto inicial lo hice dejando pequeños apartados,

  • Un fondo de emergencia para noches en hostales, buses y otros gastos necesarios que irán surgiendo, muy agradecido en ocasiones como cuando llegamos a Puerto Cisnes a las 9 de la noche, empapados de pies a cabeza y a 6 grados de temperatura o en la Carretera Austral donde los buses salen 2 veces por semana.
  • Actividades, cosas, lugares que no me podía perder, ya sabes, el bucket list del viaje, eso que vas  a hacer cueste lo que cueste porque sino qué chiste, como la Isla de los Muertos en Caleta Tortel o aprender a correr olas en la Capital Mundial del Surf.

pero cuando quise despilfarrar, despilfarré – por algo tuve que abrir el tarro de reservas un mes antes de lo previsto -, cuando me quise salir del presupuesto me salí y puedo decir muerta de la risa que no me arrepiento de nada.

Estresadísima en Cochamó

A puro estrés en Cochamó

Esta para mí fue la primera real probada de una vida viajando, una salida de prueba para investigar si es esta la vida que quiero para mí ahora – lo es – si soy capaz de hacerlo a mi manera y valerme, en lo más posible, de mí misma – lo soy –  y cómo lograrlo y qué sería de un experimento si no se comparten los resultados.

Tipos de viaje los hay tan distintos como cada viajero y todos son válidos, todos son buenos siempre y cuando se ajusten a lo que TÚ quieras hacer. Esto es lo que yo quise y lo que me funcionó, una excusa que eliminé de mi lista y espero con estas palabras ayudarte a ti también a liberarte de ellas, a explorar otras posibilidades y simplemente que le des vueltas.

Viajar con poco dinero es posible y al final, la lección que me llevo es que para recorrer el mundo solo hace falta la plata que tú quieras invertir en ello.

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