Ser nómade más allá del título

Cualquiera estos días se llama a sí mismx nómade.

Como si fuese tan sencillo como comprar pasaje, sellar pasaporte y registrarse en el hostal más cercano. Una y otra vez.

En vez de quedarse permanentemente en un lugar, o irse a viajar un rato para luego volver a casa, la palabra nómade define a alguien que se traslada de un lugar a otro como manera de vivir. No sin restricciones y en dirección errante, sino adaptándose. Tomando lo necesario mientras haga falta, pero sin miedo a soltarlo una vez que toca seguir andando.

Me llega a causar gracia cuando de vez en cuando me topo con alguien que asume que he dejado de viajar.

Incluso ahora, cuando la idea del viaje se ha popularizado tanto, este sigue siendo para muchxs cosa momentánea.

Para mí, que he viajado desde antes de saber decir los nombres de los lugares que visitaba y espero seguir haciéndolo hasta que la memoria me falle para recordarlos, la idea de dejarlo es un absurdo total. 

Terrícola

Si pudiera elegir una nacionalidad, al final, creo que solo me identificaría como terrícola. Leer más.

No me planteo el dejar de viajar porque, para mí, la vida en sí es un viaje

Así como llamarse nómade, está de moda hacerse viajerx. Dejar la oficina, pedir permiso para trabajar remoto o agarrar los ahorros y entregarse a la ruta.  

Bajo esa idea unx se mueve hasta que se le canse la espalda, se acabe la plata o toque, simplemente, volver a casa. 

No me pasa. Mi casa no es un lugar físico sino algo que se mueve junto conmigo.

Como escritora freelance no tengo necesidad de quedarme en ningún lado específico para poder vivir de lo que hago. Siempre y cuando haya internet, estamos bien. 

Dejé mi país de nacimiento hace más de 10 años e incluso antes de partir, nunca sentí demasiado arraigo. 

Migrar ya lo he hecho cuatro veces y espero seguir contando, pues cómo me gusta tener pies en vez de raíces – aunque de vez en cuando se sienta muy rico poder plantarlos un rato. 

La estabilidad me la llevo conmigo y la armo donde decida. El desapego lo he venido trabajando toda la vida. 

Por tanto, el proceso de armar bases desde las cuales seguir despegando me es tan natural como para otrxs puede ser el quedarse y enraizarse. 

Aún así donde me quedo, me adentro. 

Sewiaka – Al interior de la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia.

En un presente en el que viajar se ha vuelto no mucho más que fotos, escalas y chequear puntos en un mapa, la aventura de escoger un área en la cual sumergirme a fondo me resulta mucho más satisfactoria. 

Las circunstancias nos están obligando a cambiar.

Es hora de entender que viajar siempre ha sido más que esa idea tan limitada de dejarlo todo y comprar un pasaje al más allá. Dar vueltas hasta que “la realidad” llame a la puerta y toque volver a una vida “normal”. 

Ser Libre Aunque se esté Estático

Después de muchos años viajando, empecé a preguntarme si no sería posible llevar esa sensación de libertad al día a día. Vivir la vida como si fuera un viaje. Leer más.

Migrar también es viajar. 

Darse la vuelta a la ciudad vecina, irse unos días a visitar a la prima o vivir el día a día bajo la óptica del aventurero, también es viajar.

En mi caso, vivir en un lugar que por sí solo es destino se siente como si no hubiese dejado de moverme. 

Si así lo quiero, conozco tanto gente como sitios nuevos cada día. 

Me rodea, además, un país tan diverso como inmenso y para conocerlo en serio necesito tiempo, atención y paciencia. 

Lxs verdaderxs nómades no queman la suela de su zapato así de rápido. Al contrario, quien elije esta vida entiende que la pausa es tan importante como el movimiento. 

La vida podrá ser corta, pero el camino es extenso. 

Así como el maratonista sabe que no hay que agotar energías en la partida, la nomade se detiene a reponer energías. 

Para ella el viaje no es pasatiempo, sino estilo de vida. 

Así que sí, por ahora me quedo quieta. Sabiendo que sigue entre mis manos la libertad para partir cuando quiera. 

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