Más sexo, menos Christian Grey

Por: Ma. Virginia Parra.

Que lance la primera piedra el que no se ha sentado a criticar a 50 Sombras de Grey. Obviamente yo no lanzaré ninguna porque claro que he criticado el libro, la trama, a sus protagonistas y ahora, me dispongo a continuar haciéndolo, más que para incluirme en la conversación al respecto, para poner a valer todas las horas que siento que perdí leyendo el libro.

Mucho se ha hablado ya sobre la romantización de la relación abusiva entre los protagonistas, el tabú, la ignorancia y la falta de respeto que aún le ponemos encima a la sexualidad femenina y el BDSM, lo vacía y cliché que es una historia de amor como esta, etcétera, etcétera, etcétera. Todas esas observaciones y críticas son perfectamente válidas, pero el problema de fondo, me parece a mí al menos, es que E.L. James escribe mal y no sólo eso, sino que lamentablemente, si nos vamos al área de la literatura erótica popular con mujeres como protagonistas, las opciones aparte de 50 Sombras son mínimas, por no decir ninguna.

¿Qué pasa? No es que las mujeres seamos estúpidas, como muchos quieren afirmar, por enviciarnos de tal manera con una trama tan ridículamente ingenua y mal redactada, es que en verdad no nos han dejado mucho más para elegir.

El tema en común de las fanáticas de 50 Sombras de Grey es que de alguna manera les dio permiso para explorar su sexualidad y ser más abiertas al respecto. Cosa que probablemente no hubiesen hecho jamás si no se hubiesen topado con un libro con temas como los de este.

Toda la vida el deseo sexual femenino ha sido silenciado: No podemos ni aceptarlo, ni disfrutarlo, ni mucho menos hablar de ello. No debemos masturbarnos, no debemos excitarnos, no debemos follar, no debemos conocernos. Sí, Anastasia está metida en una relación abusiva y controladora, su personaje y todos los demás carecen de profundidad, pero cuando desde siempre se te ha dicho que no puedes decir ni pío acerca de aquello que sientes entre las piernas, la llegada de una protagonista femenina que se atreve a relatar la intensidad de sus orgasmos y lo mucho que le gustó usar unas cuentas anales, es suficiente para que un libro así se convierta en best seller.

Ahora mientras escribo esto, me retracto un poco de lo que afirmé al principio y es que los problemas de 50 Sombras de Grey son en verdad dos: El primero, que es un libro mal hecho, y el segundo, que necesitamos por favor, con urgencia, mucha más literatura con personajes femeninos capaces de disfrutar su vida sexual y hablar respecto a ella. Y con esto me refiero a literatura de verdad, de esa que da gusto y no vergüenza ajena leer. Quizás entonces vayamos poco a poco derribando el escándalo que produce en la opinión pública el encontrarse con una mujer que se atreve a explorarse y disfrutar de más posiciones que la del misionero.

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